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CONCENTRACIONES DE MIGRANTES EN EL ESTRECHO

 

 

Cigüeñas

Bando de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) en migración

La importancia de la migración de aves a través del estrecho de Gibraltar es un fenómeno conocido en todo el mundo. Esta zona del sur de la Península Ibérica, debido a sus características geográficas y a su localización, se constituye en un enclave único para la observación de aves durante sus desplazamientos entre las zonas de cría y los cuarteles de invernada. Cada año varias decenas de millones de aves transitan por nuestra comarca con especies muy conocidas y estudiadas como las planeadoras (rapaces y cigüeñas) y los paseriformes y grupos afines (p.ej. silvidos, turdidos, golondrinas, fringílidos y vencejos). Sin embargo, se conoce comparativamente poco acerca del grupo de las aves marinas.

 

 

Las aves planeadoras

 

Las aves que migran por el área del Estrecho de Gibraltar proceden, en su mayoría, de sectores ubicados en la mitad occidental de Europa. A lo largo de ese gradiente latitudinal, que alcanzaría por el Norte la Península Escandinava, se asientan poblaciones de comportamiento migrador dispar. Algunas terminan su viaje en las costas atlánticas europeas, al abrigo de la rudeza ambiental del interior del continente y de los sectores más norteños. Pero muchas más optan por continuar su viaje hacia el Sur. En unos casos hasta alcanzar los sectores más térmicos de la Península Ibérica, y del Magreb. En otros, hasta llegar al África transahariana. El Estrecho de Gibraltar ocupa, por lo tanto, una situación estratégica en todos estos trasiegos. Las aves terrestres, que tienden a evitar largas singladuras marinas, terminan por ser arrumbadas hacia la Península Ibérica por el prop¡o trazado de las costas de Europa, un Continente al que algunos ven como una cuña terrestre orientada hacia África. La Península se convierte así en el gran trampolín de su salto hacia el Magreb. De hecho, muchos migrantes nocturnos, que vuelan a grandes alturas y en frente amplio, se lanzan al océano, camino de África, desde la mitad occidental ibérica (Bernis 1.962, Hilgerloh 1.988). Para ellos, el Estrecho parece ser un accidente irrelevante. Pero los migrantes diurnos, más reacios a penetrar en el mar, se dejan desviar por las costas ibéricas desde las que pueden decidirse a cruzar hacia el Norte de África en un goteo casi imperceptible.


Desde esta perspectiva, el lado septentrional del Estrecho de Gibraltar es el extremo final del gran embudo ibérico en el que confluyen muchos de los migrantes interceptados por las costas atlánticas y mediterráneas. El interminable rosario de golondrinas, alondras, lavanderas o jilgueros que costean por las playas de La Atunara o de Los Lances una mañana de otoño es el destilado último de este gran proceso de captación de aves (algo similar, pero en sentido inverso, ocurre en el lado meridional del Estrecho durante el paso prenupcial).

 

Pero el Estrecho de Gibraltar tiene un papel mucho más importante en la migración de las aves planeadoras durante ambos pasos. Las cigüeñas, milanos, buitres, abejeros, aguilillas calzadas o culebreras viajan aprovechando las térmicas, esos flujos de aire caliente que ascienden desde el suelo recalentado por el sol. Éstas las elevan a grandes alturas desde las que se deslizan en vuelos ya arrumbadoshacia su destino. Mediante este sistema de navegación, son capaces de recorrer grandes distancias con costos energéticos mínimos. De hecho, muchas de estas aves no suelen ser capaces de aguantar largos períodos en vuelo batido. Como las térmicas se forman sobre tierra (el agua del mar absorbe la radiación y no calienta el aire), se ven obligadas a no abandonar la línea de costa. Esto les lleva a concentrarse en aquellos estrechos desde los que, previa ascensión a favor de una térmica, puedan lanzarse en planeo descendente hasta la otra orilla (Bernis 1.980). Por esta razón, el Estrecho de Gibraltar es, junto con los estrechos de Messina y el Bosforo, uno de los pasos obligados de cientos de miles de aves planeadoras en sus trasiegos hacia África (Bernis 1.980, Finlayson 1.992).


Y ésta es la causa de su enorme importancia estratégica en el campo de la conservación de este grupo de especies y de la oportunidad que brinda a los interesados por ver el impresionante espectáculo de su migración. En cualquier observatorio del Estrecho es posible observar miles de individuos de estas especies tantos más en cuanto mayores sean sus poblaciones junto con una representación menor de otras aves que, como los halcones, cernícalos o aguiluchos, no están limitadas en sus movimientos por las especializadas técnicas de navegación de las grandes planeadoras.

 

 

Las aves marinas

 

Para este grupo de especies, el estrecho de Gibraltar, de sólo 14 Km. en el punto más próximo entre las costas españolas y marroquíes, es la única conexión natural entre Mar Mediterráneo y el Océano atlántico, y si tenemos en cuenta que la mayor parte de las aves marinas evitan realizar sus migraciones sobre la tierra, esta zona constituye la principal vía de migración para las especies de aves marinas que utilizan el Mar Mediterráneo en alguna fase de su ciclo vital. Algunas de estas especies crían en el Mediterráneo y pasan el invierno en el Atlántico, otras se reproducen en el Atlántico norte e invernan en el Mediterráneo y un tercer grupo que utiliza el Mediterráneo como lugar de refugio durante sus desplazamientos norte-sur en el Atlántico especialmente en condiciones meteorológicas adversas.

 

La riqueza de especies de aves marinas en el estrecho de Gibraltar es bastante importante. Existen citas de aproximadamente 100 especies de aves marinas, de las cuales el 50% pueden observarse de forma más o menos habitual en esta área, mientras que el 18 % pueden considerarse rarezas a nivel local. Entre las más abundantes destacan la pardela cenicienta Calonectris diomedea, el alcatraz atlántico Morus bassanus, la pardela balear Puffinus mauretanicus, el frailecillo atlántico Fratercula arctica, el alca común Alca torda y el charrán patinegro Sterna sandvicensis. Además, se pueden observar rarezas como el charrán bengalí Sterna bengalensis.

 

Desde el punto de vista de la conservación, las aves marinas constituyen unos excelentes bioindicadores de la salud de nuestros mares y muchas de estas aves se encuentren en un serio estado de amenaza. Entre las aves marinas que utilizan el Estrecho encontramos la pardela balear Puffinus mauretanicus, el fumarel común Chlidonias niger o la gaviota de audouin Larus audouinii, especies incluidas en las directivas nacionales e internacionales y consideradas como prioritarias en conservación.

 

 

Para más información:
1. Seguimiento de migración de aves marinas de la Fundación Migres
2. Censos de aves marinas desde distintos cabos de España
3. Proyecto RAM: Red de observación de Aves y Mamíferos marinos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grupo Ornitológico del Estrecho
Apartado de correos 351

11300 La Línea de la Concepción, Cádiz. España

www.grupoornitologicodelestrecho.org